miércoles, 15 de septiembre de 2010

LOCOS





Él llega tarde a casa, es la tercera vez en esta semana que lo hace. Apenas hace ruido al entrar, no quiere llamar la atención de Ella. Su semblante es serio, parece ocultar una especie de tristeza acumulada.

Ella está en la cocina, llego dos horas antes que él. Cuando ha llegado él ni siquiera se ha inmutado. Lo que pasó ayer fue demasiado fuerte e intenso para sentirle cercano. Él entra en la cocina, va hacia la nevera y saca una botella de agua. A continuación coge un vaso del lavavajillas y lo llena de agua con la botella. Todo tan silencioso...tan vacío.
En ese lapso de tiempo no hay conversación entre ellos. Están dándose la espalda. No se ven las caras.
Él bebe del vaso a grandes tragos, sin despegar la boca del cristal. No repara en una tímida mirada de ella, casi de reojo, no queriendo que se note que le mira.
Una vez ha terminado de beber y el vaso esta vacío, lo deposita en la encimera lo más cuidadosamente posible, procurando hacer el menor ruido posible. Bastante ruido hubo ayer.

Sale de la habitación y la deja a solas en la cocina. Ella se dirige también a la nevera. Saca el brik de leche y le pega un trago a morro. Unas cuantas gotas salpican su cuello por el ímpetu del trago. En ese momento piensa: " qué distintos que somos, yo leche, él agua, yo a morro, el con un vaso..."

En ese momento, las gotas de leche no son lo único que recorre su cuerpo. Dos tímidas lágrimas asoman por sus ojos, de momento no pueden ser más porque ayer corrieron demasiadas y sus lagrimales se secaron.
Ella se lleva la mano al abdomen y acaricia su estomago lentamente. Una extraña añoranza se asoma en su mirada y un estremecimiento recorre todo su cuerpo: "que lástima, no pudo llegar"

Al fondo del dormitorio se oyen abrir y cerrar puertas de armario. Él está sacando su ropa de casa, algunos trajes que introduce en el portatrajes y pantalones y camisetas deportivas. A su lado, en la cama de matrimonio, dos grandes maletas vacías que poco a poco van llenándose.

Ella tiene la tentación de ir corriendo a hablar con él, el miedo invade su cuerpo, pero su cabeza le dice que es demasiado tarde. El tiempo para arreglar las cosas ya pasó. " Ahora sólo queda despedirse de la manera más honesta posible" se dice a sí misma.

Él ya tiene las maletas preparadas. Sale del dormitorio portándolas cabizbajo, no queriendo levantar la mirada. Ella se encuentra en el centro del salón, el hall de entrada está a poco menos de tres metros, con los brazos caídos junto a los hombros y la mirada triste y vencida. Se limita a mirarle.

Él suelta las maletas en el suelo, se dirige hacia ella sin mirarla ni decirle nada y la abraza. Ella se mantiene en su posición. Él cada vez la abraza más intensamente. A medida que su abrazo se hace más profundo, su cuerpo se estremece por momentos. Tras unos minutos abrazado, se retira sin mirarla. Muchas lágrimas recorren su cara e invaden la camiseta de Giorgio Armani negra que le regaló ella y que tanto le gusta.

Él se gira dándole la espalda, coge las dos maletas del suelo y camina hacia la puerta. Ella sigue en la misma postura, rendida, incapaz de decir ni hacer nada. Él llega a la puerta y sin soltar las maletas la abre con dificultades. Sale de la casa dejando la puerta abierta. No mira hacia atrás ni dice nada. Ella sigue en el mismo sitio, con la misma actitud. Cuando él sale por la puerta y desparece de su vista, rompe a llorar de manera intensa y amarga.




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