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viernes, 15 de julio de 2011
SHEENA ES PUNK-ROCKERA
Sheena is a Punk Rocker, Sheena is...Punk Rocker, Sheena is a Punk Rocker nooow!
El otro día tuve una conversación con la mujer de un amigo de uno de mis hermanos. Obviaré nombres para no herir susceptibilidades y poder expresarme con mayor libertad en esta entrada. El caso es que empezamos hablando de vinos, un tema en el que reconozco ser bastante profano por lo que casi escuché más que otra cosa, y acabamos hablando de las chicas/mujeres, que por otra parte es uno de los principales aspectos que quería tratar en este querido blog.
Los tíos tenemos nuestros temas de conversación, está claro, las tías dicen que somos previsibles y a veces monotemáticos, puede ser, lo que es seguro es que nosotros hablamos con pasión, interés y conocimiento de las cosas que nos gustan y motivan. Fútbol, cervezas, cine, música, comics, videojuegos... en algunos casos nos tocan la fibra sensible y se suceden las intervenciones, las risas, intensos coloquios llenos de fervor, desautorizaciones, algún que otro pique y la mayoría de las veces abrazos de fraternidad al terminar la más o menos amistosa refriega.
Las reuniones entre hombres adquieren un carácter tribal: corros de tipos enfrentados entre sí, escuchandose atentamente y escuchando la música que les mola bebiendo el cáliz de la comunión, que suele ser abundante cerveza y bebidas destiladas varias.
Podemos hablar de sexo también, venderíamos menos que las famosas cuatro neoyorquinas de "Sexo en New York", seríamos menos imaginativos, menos profundos en nuestras emociones y sentimientos, también menos maquiavélicos y sinuosos, por que no decirlo. También tendríamos algunos más en nuestro haber: más honestos, más expuestos, más solidarios...más amigos si cabe.
El sexo como conquista, también como frustración, con algún que otro anhelo delicadamente confrontado, pero no me cabe la duda de que con ese aire sanamente infántil y gregario que rodea a la manada. Como un grupo de monos que se alegra cuando el mono más hábil del grupo tira el palo más lejos que los demás. Así de simple y de auténtico. Las chicas/mujeres pueden pensar: " Qué primitivo y básico", nosotros preferimos no pensar tanto en estos temas y aceptar de dónde venimos y lo que no dejamos de ser, "animales racionales", por lo que celebramos el éxito y la pericia del otro semejante de manera colectiva, fraterna, en momentos nos invade la envidia y casi siempre de forma sincera y acompañada de jaleos primitivos.
Tras este preámbulo vuelvo a mi conversación del otro día: le comentaba a la mujer del amigo de mi hermano que resulta difícil entablar temas de conversación y conectarse con un grupo mayoritario de mujeres sin que la pulsión sexual esté como transfondo para buscar la pericia de la charla amena, interesante y estimulante. Ella, que es de fuera de Madrid, me transmitía que nada más llegar a la capital, encontró muchas chicas de su edad y más jovenes que vestían de una manera demasiado formal, cuando no lo hacían de manera antigua y que la vestimenta no deja de ser un indicador de la amplitud de miras a la hora de encarar la vida o un reflejo de la frescura de ideas y la busqueda del disfrute personal.
Yo le comentaba que hace unos dos años y medio estuve en París cinco días y volví a Madrid con la sensación de que estaba en Guadalajara, no sólo por la inmensidad, belleza y modernidad de la ciudad del amor, sino por las vestimentas de la gente. Yo no voy a ser una excepción, pero en el contraste con la forma de vestir de una mayoría de parisinas/os pude encontrar señales de excesivo formalismo, poco interés y descuido hacia lo arcaico en nuestra forma de vestirnos.
No son todos y cada vez la gente nos vestimos de manera más personal y moderna, siendo conscientes de que todo lo que nos rodea es moda y no podemos abstraernos de esta realidad.
El interés de mi conversación, de todas formas, no iba tanto por el camino de la imagen, más bien por el del encuentro y desencuentro entre hombres y mujeres en la actualidad. Todos nos movemos en el terreno de los ideales, yo el primero, así que puedo decir claramente que echo de menos poder tener una conversación más libre con las féminas, donde encontrar puntos de afinidad, donde poder hablar sin ninguna presunción ni expectativa que no sea libremente elegida, donde poder ser uno a fin de cuentas, sin un fin inmediato obligatorio.
Las chicas madrileñas pueden pensar que esto es una burda mentira, que nosotros tenemos un objetivo a corto plazo que es el sexo puro y duro como diría Torrente en sus buenos tiempos. Y cierto que es, como también diría Yoda, el venerable maestro Jedi, pero no tiene por qué serlo. No es una calle sin salida que termina en la pulsión instintiva que tanto placer nos da. También la mujer tiene un objetivo determinista en su condición humana como es la reproducción y nosotros los hombres no lo repetimos hasta la saciedad como si se tratara de un mantra incriminatorio.
Todos, hombres y mujeres, somos animales de costumbres, aunque si encuentro una tendencia más a la improvisación, al disfrute de los pequeños placeres, al dejar surgir algo donde no tenía por qué haber nada en los hombres. Sin expectativas inmediatas ni fines a perseguir y conseguir, una inclinación hedonista que surge de manera más natural a pesar de los dictámenes del deber y las misiones a cumplir tan tradicionales de la sociedad machista y patriarcal.
Chicas haberlas hailas como las meigas, lo difícil es dar con ellas, saber encontrar chicas interesantes.
En el fondo ya lo dijo Joey Ramone, definido por Eddie Vedder-Cantante y lider de Pearl Jam- como el más fantástico y romántico interprete de la música Rock- algunos de nosotros querríamos en algún momento a Sheena con el espíritu de una punk-rockera. Sin cadenas ni lastres que cargar, dedicada a disfrutar del momento presente.
También da con la clave Loquillo en la fantástica canción de Jaime Urrutia " Dónde estás": " Ey nena, he pasado tanto tiempo buscandote, y la ciudad es tan grande, pero tu amor tan pequeño"
Nena, ¿ Cuándo vas a quererme?, ¿ Cuándo vas a despertar del sueño de tu libertad?
jueves, 23 de septiembre de 2010
LA DELGADA LINEA DE LA SUERTE
José de Villaverde es un viejo conocido de este blog. Hace unos meses protagonizó una entrada en la que era protagonista junto a su churrería, La Cafetería Belén. La particular forma de entender la vida de este antiguo camionero y hoy propietario de varios establecimientos en la zona de Villaverde Bajo, fue el motivo para escribir una divertida entrada en la que pretendía hacer analogía con el maravilloso personaje de Clint Eastwood en su último film, El Gran Torino.
Pues bien, todo personaje rodeado de luces, aunque sean de dudoso alumbrado, tiene su reverso. Ahora mismo me viene a la memoria la serie Hombre Rico, Hombre Pobre, protagonizada por Peter Strauss y Nick Nolte. Una historia de polos opuestos, némesis sacadas del más fantástico de los comics de superhéroes ó los cruentos reversos que a veces nos tiene preparada la vida.
José de Villaverde tenía empleado a un camarero en Belén para cuando él no podía estar en la cafetería.
Trabajaba unas doce horas al día y percibía poco más de 800 euros. Era bajo, menudo y con una sordera bastante considerable en algunos momentos...también era un buen hombre.
Cuándo iba a desayunar y no me encontraba a José, solía estar él, siempre pendiente de todo el aforo, de que no faltase de nada. Me preguntaba siempre si quería el café con leche caliente ó templada y siempre me ponía un poco de tortilla recién hecha.
Raro era el día en que no me preguntaba como estaba con un interés real, sin volver la mirada. En ese momento entablábamos algo de conversación y aprovechaba para contarme sus alegrías y sus tristezas, casi siempre pequeñas miserias acompañadas de un semblante triste y una mirada melancólica. Me hablaba de aquello que esperaba ser y nunca fue.
El caso es que este hombre, del que su nombre lamento no poder acordarme, un día de los muchos que nos encontramos en La Cafetería Belén, me contó una anécdota que no podré olvidar en mucho tiempo. De esas que se conservan intactas en mi memoria. Sucedió más o menos de esta manera:
Hace muchos años él trabajaba de camarero en un bar de el Barrio de Salamanca cercano al Retiro, si no recuerdo mal, situado en la madrileña calle de Claudio Coello. Hacían turnos rotativos en un equipo de cuatro personas. Dos de mañana y dos de tarde. El caso es que todos eran bastante jóvenes y bastante soñadores. Solían salir juntos de marcha, compartían romances con algunas chicas y algún que otro secreto inconfesable.
El tema es que el camarero empleado de nuestro José de Villaverde me contó un hecho singular que acaeció en uno de aquellos turnos de noche.
Estaba mi confidente recogiendo las mesas, los platos de la zona de restaurante y fregando el suelo antes de cerrar, su compañero, mientras, se dedicaba a recoger la basura para, posteriormente, tirarla al contenedor de afuera.
Una vez cargadas todas las bolsas de basura, salió para tirarlas. Al abrir uno de los contenedores, le llamo la atención una de las bolsas que había dentro. Entonces, recordó que uno de sus compañeros del turno de la mañana le había contado que estaban desalojando los muebles y el ajuar doméstico de una casa al fallecer una de las señoras mayores del inmueble.
Se trataba de una señora perteneciente a una familia de la nobleza castellana, que había caído en desgracia por las deudas de su marido. Sólo conservaba el piso y muchas antiguedades de épocas pasadas de esplendor. Al recordar esto no pudo más que sentir una enorme curiosidad, así que sin más vacilación dejó las bolsas de basura en el suelo y abrió la bolsa de plástico negra del contenedor. Dentro vio muchas fotos antiguas y una pequeña cajita de madera gastada. Durante unos segundos se planteó dejar la bolsa de nuevo donde la había encontrado, pero al final se decidió a abrir la caja. En su interior encontró unas cuantas piezas de bisutería a las que el óxido había hecho bastante mella. Además todas ellas estaban bastante sucias, envueltas en una especie de hollín.
"Seguro que limpiándolas podré tener un detalle con mi Julia", pensó en ese momento. Cogió unas cuantas y las guardó en un paño que tenía de cocina en el bolsillo del pantalón. El restó las depósito en la caja y la metió de nuevo en la bolsa. Al entrar le dijo al camarero de José de Villaverde, su compañero de turno, que " había encontrado una bisutería barata llena de mierda". Al día siguiente fue a una joyería para tasarlas y el joyero le dijo que con tal grado de deterioro y suciedad era imposible evaluar su valor, que había que mandarlas a limpiar. Hasta dentro de una semana no se podría saber si eran buenas o no.
Pasaron los días y el camarero de José, le preguntaba por las joyas. Él contestaba que no tenía noticia y que como pasara mucho más tiempo que se las podrían quedar. Así, hasta que un día le llamaron para que pasara a recogerlas.
En ese momento, a mi interlocutor se le humedecieron los ojos y el gesto se le encogió. Paró un poco y prosiguió contando la historia. El caso es que un camarero de un bar de El Barrio de Salamanca descubre un día al tirar la basura unas piezas de bisutería oxidadas y sucias, y una semana más tarde esas piezas, ya limpias, pasan a ser joyas de oro puro de 24 quilates y platino de ley.
Nada más salir, no se sabe lo que hablaría en la joyería, pero fue a su trabajo y solicitó la carta de despido. Cuándo fue a trabajar nuestro narrador ya no le encontró allí. Lo siguiente que supo de él es que estuvo varios meses dando la vuelta al mundo. Una vez de nuevo en Madrid, compró varios pisos en Villaverde, un ático de más de 300 metros cuadrados en la Glorieta de Alonso Martinez y montó dos bares con cuatro empleados cada uno, uno en Villaverde Alto y el otro en la zona de Ventas, al lado de la plaza de toros.
" La vida a veces puede resultar realmente caprichosa, si yo hubiese tirado ese día la basura, que nos turnábamos tarde sí, tarde no...si él hubiese desechado todas las piezas de bisutería...¡imagínate si llega a coger toda la caja!"
" El caso es que hace muchos años que no le veo, pero sé por un allegado suyo que no volvió a trabajar nunca más. Era compañero mío y yo que tengo más de sesenta años trabajo doce horas al día para ganar poco más de ochocientos euros al mes...así es la vida"
Asentí mirándole fijamente y no pude más que decir internamente:
"Efectivamente, así es la vida"
PD: José de Villaverde siempre se jacta de que su patrimonio y los bares que ha montado han sido fruto del esfuerzo de tantas horas al mando del volante de su camión. Un día de los que fui a Belén, su empleado me dijo que, aunque José no lo ha reconocido nunca, parece ser que le tocó la lotería, de la que era un jugador incondicional.
¿Qué casualidad, no?
PD: José de Villaverde siempre se jacta de que su patrimonio y los bares que ha montado han sido fruto del esfuerzo de tantas horas al mando del volante de su camión. Un día de los que fui a Belén, su empleado me dijo que, aunque José no lo ha reconocido nunca, parece ser que le tocó la lotería, de la que era un jugador incondicional.
¿Qué casualidad, no?
domingo, 18 de julio de 2010
SÓLO EN SUEÑOS
Hay algunas cosas en la vida, que por mucho que nos duela, sólo suceden en nuestros sueños. Bueno, tampoco tengo que ser tan exagerado. A veces la confluencia de determinados astros, buenos rivales en la fase final de la Copa del Mundo de Fútbol ó quizás aquella chica que merece realmente la pena en la vida- la famosa única chica que realmente nos quería de Los Planetas- se cruza en nuestro camino por este mundo.
Por ejemplo, es difícil que nos puedan amargar una noche de sábado. Con el paso de los años, El Maestro y Yo hemos adquirido una serie de hábitos que nos suelen proteger de la gente indeseable que se pasea por la noche y nos hacen más fácil deleitarnos con los placeres de la música y la buena cerveza. Eso no quiere decir que no tengamos encontronazos físicos y psicológicos, que no haya gente que intenta descargar su frustración, agresividad ó simplemente enfrentar su vacío personal con la primera persona receptiva que pasa por delante de ellos. Y es que nosotros somos muy receptivos. ¡Muy buena gente que coño!
También tenemos nuestras miserias personales, pero consideramos un mal ejercicio personal depurarlas con la gente que convive con nosotros en los bares ó calles que transitamos durante la noche madrileña. Uno de estos bares es el Moloko. Ya os hablé de él en mi divertida entrada de " La Buena, La Fea y La Mala". Se trata de un bar excepcional lleno de atmósfera pop-rock, tan bien representada en sus carteles de grupos ingleses y americanos de la década de los setenta en adelante, en sus entradas míticas de conciertos a lo largo de todo el mundo y en sus divertidos muñecos de bandas de Rock y personajes de dibujos animados ó series de animación. Cuándo entras en el Moloko es una sensación parecida a zambullirse en una piscina, la misma frescura y oleada de sensaciones te inundan en ese momento.
En definitiva, un buen sitio en el que desconectar, participar de la liturgia de la música anglosajona y poder tomar unas Paulaner frescas contemplando toda la historia musical gráfica de sus paredes. La gente que acude a Moloko tendría que ser muy buena aficionada a la música, con una mente abierta y enfocada a las nuevas tendencias. Susceptible de querer sentirse libre y dichosa unas cuantas horas durante el fin de semana. Lástima que no siempre se cumplan estos postulados en el aforo reinante. No sólo es una cuestión de que se cuele gente que está descolocada ó fuera de onda,- en La Buena, La Fea y La Mala había unos pijos rematados por Ralph y Tommy en sus vestimentas- a veces las apariencias engañan y hay personas conservadoras que se esconden en la parafernalia adecuada, tanto de vestuario como de gustos musicales. Sería algo parecido a las técnicas de camuflaje que utilizan los depredadores de la sabana africana.
Afortunadamente no estamos en Kenia ó Zimbawe ni nosotros somos tiernos antílopes. A muchas de ellas se les ve venir en determinadas actitudes ó comportamientos. Otras, porque una vez más las protagonistas son chicas, se delatan ellas solitas. Tampoco excluyo a determinados tipos modernos con mirada de policías de Franco, aunque me centraré de nuevo en mis queridas chicas madrileñas.
En concreto, ayer fueron cuatro. Dos grupos de dos amigas que una vez más nos hicieron recordar aquella fantástica canción de Weezer, del Blue Album, No One Else. La canción habla sobre la novia de alguien que se encuentra profundamente decepcionado con su actitud. Una reflexión en alto sobre porque nos enamoramos ó simplemente decidimos estar con una chica por motivos de conveniencia, porque nos gusta follar con ella y nos olvidamos del vacío que nos provoca tener una relación, la falta de libertad que tenemos en el día a día con esta chica.
"My girl got a big mouth", empieza la canción- algo así como que: " Mi chica es una bocazas". Continua diciendo: " She laughs at most everything wether it's funny or not"- efectivamente está bastante decepcionado con la actitud de la baby en cuestión- la tía se rie de todo, sea divertido ó no-. El protagonista tiene un atisbo de lucidez y de valentía, porque no decirlo: " And if you see her, tell her, it's over now"- es decir, no va a perder el tiempo en decirle que lo suyo se ha acabado, jaja.
La eclosión llega durante el estribillo, toda una declaración de intenciones:" i want a girl who will laugh for no one else,...when i'm away she never leaves the house"- basicamente quiere una chica que no sea una persona cruel como muchas pájaras nocturnas de la noche madrileña y que se esté quietecita cuándo él no esté, porque algunas destatan La Caja de Pandora. Acordaros de "La Mala" de mi entrada del Blog, que ponía de pretexto a su novio que estaba durmiendo para hacerse la interesante e interesarse a su vez por nuestra abstinencia sexual.
Esta detallada explicación de No One Else de Weezer, me sirve para intentar justificar el encabronamiento y la sorpresa que da ver a dos chicas que acceden a hacerse una foto con uno de nosotros para más tarde irse a la otra esquina del bar. Toleramos la frustación, aceptamos los hechos y comprendemos la palabra No, pero nos sigue desconcertando comportamientos tan ilógicos como el de acceder a una petición de foto y luego no querer saber nada de los fotógrafos. No somos molestos, creerme, sabemos disfrutar con lo nuestro. También nos resulta extraño y un poco pesado tener que ser interrumpidos por una chica que se dedica a repartir las revistas que promociona el local sin trabajar en él y por su compañera que decide olisquear nuestra ropa en busca de algún olor perdido, aquel que suscita su más estrafalaria obsesión. Hasta ahí raro aunque legítimo. Lo que nos tocó los cojones es la pregunta sobre que marca de suavizante utilizamos y no aceptar que no la conocemos y cuestionar con sarcasmo el por qué. ¿Tanto cuesta aceptar que en la vida hay cosas más interesantes, mientras no constituya una necesidad, que lavar la ropa?
Una vez más nos encontramos sometidos a la estrechez de los estereotipos: un joven treintañero ha de ser pro activo hasta para lavar la ropa, si no que viva con su pareja y compartan las tareas. No cabe en mente estrecha y conservadora que nosotros no optamos por ninguna de las dos vías. Vivimos con nuestra familia y, mientras no se nos pida colaboración en este aspecto, no nos repartimos las tareas como tan sarcasticamente nos sugirió "la muerte del loro" en forma de casi cuarentañera trasnochada. Por el contrario, colaboramos con nuestra familia de forma más anónima y menos presumible de cara a la galería.
Una vez más nos fuimos a casa contentos de haber pasado una buena noche reforzando nuestra amistad, aunque a veces sea por contraposición de algunas chicas vacías y superficiales con las que nos encontramos.
Por cierto, salvo al dueño del Moloko y toda su fantástica gente, chicas incluidas. Una vez más accedieron a mi petición de música y sonó "The Good Life" de Weezer. Además nos invitaron a un chupito de Johnny Walker etiqueta negra.
A veces aparecen ángeles en el infierno de las chicas madrileñas.
miércoles, 30 de junio de 2010
ARE YOU READY TO FLY?
La anterior entrada de Manute Bol me tiene inmerso en una oleada de sensaciones estos últimos días.
Me he dado cuenta de que tengo muy asociado el baloncesto a una etapa de mi vida. Aún me sorprendía cuándo mi antiguo compañero del instituto, Pina the Wolf, me decía que era capaz de escribirle los quintetos de todos los equipos de la NBA en su carpeta de tercero de BUP. Hace unos días me permití el lujo de ver el séptimo y último partido de las finales de la NBA entre Lakers y Celtics. Un partido de escasa calidad, aunque lleno de intensidad, emoción y derroche físico en ambos equipos. Pude contemplar emocionado la conquista del anillo de campeones de los Lakers con un intenso, enérgico y responsable Pau Gasol, con sus características jugadas debajo del aro y su fantástica visión de juego. La furia y la rabia de los Celtics ante la derrota, expresada de manera fidedigna en la mirada de depredador acosado de Kevin Garnett-ala-pivot de los de Boston-. A las seis de la madrugada, hora de final del partido, tuve un bonito momento de paz y reflexión sobre la influencia de algunos espectáculos en la pasión y el sentimiento de sus aficionados. Había abandonado el baloncesto americano y él me había quitado una de mis pasiones-Saltar e imitar los movimientos de mis ídolos-.
Ya quedan lejos los partidos con mi hermano en mi habitación, aquellas fantásticas imitaciones del Sky Hook de Kareem Abdul Jabbar con un pequeño balón de plástico sobre el tablero que nos había instalado mi padre en la habitación. También los movimientos a lo James Worthy, con tanteos a izquierda y derecha para depositar una vertiginosa bandeja. Iba por los pasillos de mi casa con la pelota y simulaba machacar en el dintel de las puertas. Esta singular afición pasó a las calles, el baloncesto urbano. No era raro poder verme machacar los carteles de las tiendas en las noches de marcha adolescente en el madrileño barrio de Arguelles. En aquellas fantásticas noches, de camino de un bar al siguiente, solía imitar el giro de 360º de Dominique Wilkins ó el Air Jordan de "God Mike"- salvando las distancias, claro, más en mi fantasía que otra cosa,jaja.- y así intentar llamar la antención de todo aquel que pasaba por mi lado ó cultivar mi faceta de Showman con las chicas, tan injustamente valorada...bueno, siempre dejé muchas sonrisas por el camino y alguna que otra mirada de admiración. No tanto por la ejecución, sino por la ocurrencia.
Una vez más sacaba el perdedor romántico que hay en mí. Sin ninguna intencionalidad ni finalidad práctica. Simplemente hacía algo que sentía y sí de paso sorprendía a alguien, mejor. La única motivación era hacer reír ó descolocar a la gente. Noble y humilde objetivo.
Los años han ido pasando y aquellos saltos han quedado un poco en el recuerdo. La edad los ha sacado fuera de contexto y mi pie derecho, destrozado el pasado verano, no me permite actualmente tan bellas licencias.
Lo que no ha desaparecido es la emoción base. Esa especie de torbellino vital que sale de lo más hondo de mi abdomen y que aún revoluciona mi cuerpo hasta el punto de querer saltar, de querer volar, de querer ser libre y eternamente joven.
En mi memoria quedan aquellos saltos, algunos cruces de miradas y sonrisas en las madrugadas madrileñas y la sensación de que todo valía mientras fuese divertido y sano. Sin consecuencias para nadie.
Os dejo una maravillosa, viva y frenética canción que os muestra todo aquello que he comentado anteriormente. Are You Ready to fly?, tema escrito en el año 1992 e interpretado por la cantante zambia Rozalla para su album Everybody's Free, título sintomático de las ansias de libertad que contagia al escucharlo y bailarlo.
El vídeo de este tema recrea las acciones de los novatos que entraron a la liga de baloncesto norteamericana en la temporada 1993-1994. Entre ellos el número uno del draft- procedimiento de selección de los equipos de la NBA de los mejores jugadores en etapa amateur-, Chris Webber: 206 cms, ala-pivot, dotado de un físico privilegiado y unas condiciones técnicas innatas para jugar a baloncesto.
El vídeo de este tema recrea las acciones de los novatos que entraron a la liga de baloncesto norteamericana en la temporada 1993-1994. Entre ellos el número uno del draft- procedimiento de selección de los equipos de la NBA de los mejores jugadores en etapa amateur-, Chris Webber: 206 cms, ala-pivot, dotado de un físico privilegiado y unas condiciones técnicas innatas para jugar a baloncesto.
Webber junto a sus compañeros de la Universidad de Michigan-los Wolverines lucen pantalón y camiseta amarillos-, Jalen Rose, Juwan Howard, Ray Jackson, Jimmy King, los fabulosos cinco de Michigan, llegarón en su primer año en la universidad como jugadores de baloncesto(1991) a la final de la NCAA- liga universitaria de Baloncesto-, cayendo en ella frente a la poderosa Universidad de Duke.
No pasaron a la historia como ganadores, sino como perdedores, pero la gente recuerda muchos más a este equipo de talento que a los todopoderosos Christian Laettner y Grant Hill de Duke.
Así es la vida, no todo el "oro" es para los ganadores.
sábado, 26 de junio de 2010
MANUTE BOL, DESCANSE EN PAZ
A mediados de los años 80, cuándo era niño y salía del colegio tras terminar mi jornada escolar, solía ir a mi plaza y jugar con mis amigos al fútbol ó al baloncesto. A veces también al Bote-Bote, la liebre o el rescate. En esos nostálgicos años que Antonio Vega denominaba: " la única etapa de felicidad auténtica", tenía ídolos a los que admiraba. Ya por entonces lucía con orgullo mis camisetas de Larry Bird, al que imitaba en su heterodoxa manera de lanzar los triples ó mi beisbolera a semejanza de una de mi hermano Javi con la que mi compañero Jose Ignacio me perpetuó con el mote de Kevin Arnold, el protagonista de Aquellos Maravillosos Años.
También me causaba admiración las vaselinas, regates de maestría y las genialidades de Diego Armando Maradona, sin duda protagonista de uno de los mejores momentos de mi infancia: aquel maravilloso gol en el mundial de Méjico contra Inglaterra tras sortear a todos los rivales que encontró y al mítico portero Peter Shilton. Hasta llegaron a sacar un juego para el Spectrum 48k, aquel negro con las teclitas azules, que se llamaba Peter Shilton's handball Maradona. El videojuego no hacía más que hacerse eco de aquel gol tan singular y mediático que metió "El barrilete cósmico" de manera ilegal con la mano en ese mismo partido.
Intentábamos emular a nuestros ídolos en las tardes-noches de verano y en las mañanas de invierno soleadas. Golpeábamos el balón como Schuster, Michel ó Lineker según los colores futbolísticos de nuestra alma. Jugábamos de manera incansable hasta caer rendidos sobre la hierba y poder contemplar la inmensidad del cielo azul ó las brillantes estrellas de un Madrid no tan saturado de contaminación lumínica.
De este material están hechos nuestros sueños y recuerdos. Los de tiempos felices que no volverán, pero que se mantienen intactos en el panteón más bello de nuestra memoria. Por aquellos tiempos también habitaban en nuestros juegos algunos anti-heroes. Tipos que nos causaban sensaciones contradictorias, entre admiración y miedo, resquemor y curiosidad. Uno de ellos es el inolvidable gigante sudanés Manute Bol. Jugador de la NBA en la decada de los 80 y recientemente fallecido el pasado 19 de Junio.
Manute causó un gran impacto en la liga americana de baloncesto. Fue seleccionado en quinta ronda del draft-procedimiento de elección de los equipos de la liga de los mejores jugadores en fase amateur-, pero sus 231 cms jamás le harían pasar desapercibido. Manute Bol causó un gran impacto en la liga: actualmente posee los records de tapones en un cuarto y en media parte de un partido- 8 y 11 respectivamente-, también el record de tapones de un jugador debutante en la NBA-397- y el segundo mejor promedio de la historia de la liga-3'34 por partido, tan solo superado por el gigante blanco de Utah Jazz Mark Eaton- además del mejor taponador de la historia en número de tapones. Todas estas espectaculares cifras, sin embargo, no son las que le ha granjeado un lugar en el recuerdo de todos los aficionados al baloncesto, sino la combinación de extrema delgadez, gran zancada y altura desorbitada junto a una sonrisa perenne de niño eterno. Quizás fue esto último, junto a sus grandes dimensiones, lo que le hizo conectar con los niños amantes del baloncesto en una época dorada de este deporte cómo fueron los años 80. Cada vez que queríamos impresionar a alguien, sentirnos superiores ó plantábamos un tapón jugando al baloncesto, nombrábamos al gran Manute Bol.
Por todo esto, por ser uno de los protagonistas olvidados de la mejor etapa de nuestras vidas, en la que la felicidad era pura e intensa, merece la pena que hoy recordemos a este jugador de baloncesto, que tras 11 temporadas en la NBA, abandonó la liga para ir a jugar a Sudan, su país, que acabó semi-arruinado y abandonado por su mujer, conviviendo con sus cuatro hijos en una de las pocas casas que le quedaron tras su mala gestión económica. A penas nos enteramos de su artrosis degenerativa en los huesos ó de sus problemas renales que le habían obligado a ingresar, hace pocos meses, en una clínica de Virginia del Norte.
Los mismos problemas que acabaron con su vida el pasado día 19 de manera prematura a los 47 años de edad.
Éste es un blog dedicado a los perdedores, un elogio de aquellas personas no tocadas por el halo de la victoria ó el éxito. Aquí tenemos un perdedor romántico que vivió la vida de manera extrema, cómo su estatura, pero que a pesar de ser tan distinto al resto, de su modesta carrera por la NBA, de sus dificultades económicas y de sus problemas de salud, jamás perdió la sonrisa y el brillo de sus ojos.
DESCANSE EN PAZ MANUTE BOL.
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